¿Decides desde el miedo o desde la confianza?

¿Sabes que tus pensamientos crean realidades?

Cualquier cosa que ves a tu alrededor empezó con una idea, que luego fue tomando forma hasta convertirse en algo visible y tangible.

Lo mismo ocurre con nuestra vida, aunque a veces nos cueste aceptarlo, cada situación que estás viviendo es el fruto de tus pensamientos y de las decisiones que éstos provocaron.

Cada día tomamos innumerables pequeñas decisiones, y algunas veces no tan pequeñas, que van dando forma a nuestro futuro inmediato y progresivamente a nuestro destino.

Y como sabes, una vez tomada la decisión, tenemos que asumir las consecuencias. Es cierto que siempre hay aprendizaje y podemos reconducir nuestros caminos, pero si tomamos conciencia de antemano de la importancia de esas decisiones, y desde dónde se originan, nos podemos ahorrar algún que otro dolor de cabeza innecesario.

Habrás podido observar que vivimos en una sociedad llena de miedos, y una de las causas principales es esa sensación de que vas a perder algo. Miedo a perder el trabajo, miedo a perder la pareja, miedo a perder la salud, y tantos otros…

¿Qué ocurre con esa actitud ante la vida? Que nuestros pensamientos y posteriormente nuestras decisiones están coloreados por esa sensación de pérdida.

Entras en un espacio de escasez, tienes que retener lo que crees que posees a toda costa porque si lo pierdes, puedes quedarte sin nada, y en esa conciencia eso es terrible, es una fuente de gran sufrimiento. Vives en el futuro, visualizando lo que te podría ocurrir, aunque en realidad no ha ocurrido, y pocas veces ocurre.

Y como somos muy inteligentes disfrazamos estas situaciones con perfectas justificaciones y excusas que nos tranquilizan momentáneamente.

Hay otra mirada hacia la vida, una mirada más esperanzadora. El otro día vi un video, de una persona que decide irse a viajar sin dinero, sin nada y demostrar que la gente es buena, que la vida te ayuda. Es muy motivador. Después de varios meses, regresa habiendo comprobado que es cierto, que la gente en general tiende una mano, está dispuesta a ayudar, y si tu actitud es positiva y de confianza parece que esto despierta la confianza en los demás y quieren ayudarte.

Esa también es mi experiencia, estuve viajando casi 4 meses sin dinero y me sorprendí de la generosidad y confianza de las personas que conocí a lo largo de mi viaje (pero esto es tema para otro post).

Aquí volvemos a uno de los temas recurrentes en mis escritos, la necesidad de mirar hacia dentro, de empezar a confiar en tus recursos internos, de confiar en tu capacidad, en tus decisiones, de atreverte a mirar la vida desde el amor y la confianza y saber que hay siempre nuevas posibilidades, nuevos aprendizajes, nuevos horizontes, esperándote para ser explorados.

Desde esta mirada de generosidad y confianza, empiezas a vivir en la abundancia y dejas la actitud de escasez, y empiezas a descubrir que en realidad no hay nada que perder. Cada momento es completo en sí mismo y si lo vivimos con conciencia, cuando hay atención plena, apreciación del momento, reconocimiento de que la vida se vive en el ahora y no en el futuro, entonces tus pensamientos están llenos de esperanza, y tus decisiones surgen de la confianza en ti, en los demás y en la vida.

La seguridad del futuro la vas construyendo con la seguridad del presente, y entonces te das cuenta de que en lugar de decidir empiezas a fluir, viendo delante de ti lo que la vida te ofrece y confiando en que eso será lo mejor, aunque a veces no es lo más cómodo, pero es lo que te hace más fuerte y resiliente.

Te invito a encuentres un tiempo cada día para estar en silencio y reflexionar sobre lo que la vida te está ofreciendo y a la vez dónde te resistes por miedo a perder algo, que lo observes y te preguntes:

¿Soy protagonista de mi vida y decido desde la conciencia y la confianza? O, por el contrario, ¿vivo reaccionando desde la ignorancia y el miedo?

Tómate tu tiempo: escribe sobre ello, medita, aprende y finalmente observa desde donde decides y sigue aprendiendo.

Que seas feliz,

Enrique